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Hubiese preferido conocer a Arantxa y a Jóse antes. Jóse sabía de su enfermedad y del tiempo que le quedaba de vida. Era un tipo entrañable. Llevaba la calidez en su trato. Cuando hablamos por primera vez, compartimos anécdotas e historias comunes. Y nos reímos y disfrutamos de nuestra compañía. Sin embargo Jóse tenía un plazo marcado por su enfermedad irreversible. Y Jóse sabía cómo quería morir. Sabía que morir no es difícil, que lo difícil es construir la vida. Por eso él y Arantxa sabían que no iba a traicionar su biografía, y que se iría dando la cara con la elegancia e ironía que siempre mantuvo. El último día que compartimos Jóse, Arantxa y yo, después de la comida vimos las fotos de su viaje a Egipto y los dos recordaron con risas detalles de aquella estancia. Era domingo. Siempre nos dábamos la mano para despedirnos. Ese día nos abrazamos. El martes siguiente Jóse murió como él quería.

Conocí a Arantxa y a Jóse muy tarde. Ha sido un privilegio.

Posted by arderas

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